En el siguiente video vemos el testimonio de una Hija de la Caridad que difunde la Medalla entre los enfermos del Hospital Bambino Gesù de Roma.

Cuestiones para el diálogo:

Después de ver este video en común, podemos dialogar con estas sugerencias:

  1. ¿Confiamos toda nuestra labor a la intercesion de la Madre de Dios?
  2. ¿Llevamos al mundo del dolor una palabra de esperanza iluminada desde la fe?
  3. ¿Rezamos con y junto a los pobres?
  4. ¿Pedimos a los pobres que recen por nosotros?

Transcipción del video:

Todo comenzó en 1830, en la capilla de la Rue du Bac de las Hijas de la Caridad, cuando la Virgen María se apareció a sor Catalina Labouré. Fue un momento de la historia en el que el mundo necesitaba mucho de signos concretos de proximidad entre las personas. Y fue el Señor el que envió a su Madre a manifestar ese amor, como expresión de cercanía a los seres humanos.

Así, buena madre, te entregó la Medalla Milagrosa, portadora de una gran fuerza, fuente de seguridad y de refugio, porque una madre, como María, que sufrió y derramó lágrimas por su Hijo, permanece hasta el final con nosotros. Ella es, entonces, motivo de esperanza.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Oh María, Madre de Jesús, intercede por Domenico, por su familia, por todos los niños, por nuestros jóvenes, que están aquí….

Cada una de nosotras, yendo a servir, lleva consigo la Medalla Milagrosa, como instrumento importante, tanto para nosotros, como para los niños y las familias a quienes servimos. Las medallas las entregamos siempre acompañadas de una estampa, de una explicación y de una breve oración… Realmente, les proponemos a todos, porque sin saber y sin conocer a las personas, les hablamos a todos… Y hablando, descubrimos que aún las mamás que no son católicas reciben con gusto la medalla porque siendo un lugar de sufrimiento, se convierte en un signo de confianza y esperanza. Es obvio que damos la explicación correspondiente y que hacemos juntos la oración. Sucede con frecuencia que, con el tiempo, cuando los padres de familia traen a sus niños a control, después de una operación o una terapia, aún después de 4 o 5 años, todavía tienen «la medallita que ustedes nos regalaron y que ha sido para nosotros un gran reglo; la Virgen nos ha ayudado a enfrentar nuestros sufrimientos, a superar nuestros miedos y a agruparnos en torno a la esperanza».

La medalla es muy importante para los mismos niños. Cuando nos acogen, lo hacen siempre con una sonrisa, a pesar del sufrimiento que viven. Frecuentemente y con gusto, dirigen su mirada hacia la medalla y comienzan a acariciarla, asociándola a nuestra presencia, lo que nos produce tanta alegría. Recuerdo una vez, cuando una niña, después de un año de terapia de onco-ematología, entró en estado de coma: se trataba de su último momento terrenal. Tenía agarrada de su mano la Medalla Milagrosa que yo le había regalado unos días antes. Esta niña no se despertaba… Pasados dos días, entreabrió los ojos, acarició la medalla, y los cerró de nuevo, para siempre. Estoy segura de que los reabrió en el cielo. Esta historia, que la misma mamá contaba, fue muy importante para ella misma; al despedir a su hija le dijo: «Ahora vas a los brazos de una madre que te querrá aún más que yo». Y así se fue al cielo.

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