Durante la Cuaresma nos orientamos hacia Jerusalén, hacia el Calvario, a donde seguiremos a Jesús durante la última semana de su vida.

Esta presentación, basada en una de las cartas cuaresmales del P. Robert Maloney, C.M., nos invita a reflexionar sobre nuestra propia vida y muerte.

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La correspondencia de San Vicente dice mucho acerca de estar vigilante y listo para nuestra propia muerte. Por ejemplo:

Créame, padre, no escuche usted a la naturaleza, porque le ofrecerá motivos suficientes para ir poniéndole poco a poco en el camino que lleva a la perdición. Piense en la muerte que está próxima, y quizás más de lo que usted piensa, y en el tremendo juicio de Dios, en el que sus palabras y sus acciones serán pesadas con el peso del santuario.»
[SVP VII, carta 2794: A Esteban Bienvenu (cohermano que solicitó dispensa de sus votos) 26 de octubre de 1658]

Todos los que aman a los pobres en vida, no tendrán ningún temor a la muerte». (SV XII, 391)


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